De cara pálida

 

-¡Athena se alegrará cuando le entregue la cabeza de tu hija! -insistió la guerrera. Armada con arco, flechas, una espada y algún puñal escondido en su poderosa armadura, la joven devota de la diosa de la guerra y la sabiduría, había interrumpido el viaje de Xena, la pequeña Eva, Gabrielle y Joxer.
-Athena ha fracasado en Amphipolis -dijo Xena.
-Lucharé hasta la muerte -insistió la guerrera.
-Esta chica es más obstinada que Tara -dijo Gabrielle.
-Parece que quieres luchar -continuó la guerrera, desenvainando su espada.
-¿No sabes quién es ella? -preguntó Joxer-. Es Xena, la princesa guerrera. Podría matarnos a todos antes de que nos diéramos cuenta.
-¡Claro que sé quién es, estúpido! -chilló la irritante guerrera-. Y sé quién es... su hija.
-Oye, ¿tienes una prima llamada Tara? -preguntó Gabrielle.
-Vete. No nos interesa luchar -aseguró Xena.
De repente, sin motivo aparente, la chica se desmayó, cayendo al suelo. Xena, con Eva a la espalda, bajó de Argo seguida por Gabrielle y Joxer.
-No sabía que el mensaje de Eli fuera tan poderoso -bromeó Gabrielle, aunque no fuese el momento más adecuado para las bromas.
Antes de que Gabrielle acabara la frase, Xena se dio la vuelta bruscamente mientras desenvainaba su espada. Se les había acercado por detrás una chica joven vestida completamente de negro. Tenía la cara anormalmente pálida, y había pintado sus labios del mismo color que su ropa. Al ver que iba desarmada, Xena guardó de nuevo su espada.
-¿Quieres algo de nosotros? -preguntó Xena.
-He visto que teníais problemas con esa mujer -dijo la recién llegada.
-Sí -reconoció Xena, mientras miraba a la arquera de élite tendida en el suelo-. Quería luchar contra nosotros, pero ha sufrido una especie de... desmayo.
-He sido yo -afirmó la chica tranquilamente-. Luché con ella y no me fue muy difícil vencerla. Ahora está descansando, pero no os preocupéis por ella: no ha sufrido daños graves, pues no puedo matar.
Xena, Gabrielle y Joxer se miraron entre sí, extrañados.
-Pero... no has luchado contra ella. No hemos visto que lo hicieras -dijo Gabrielle, muy confusa.
-Fue una lucha psíquica. Estaba escondida entre los árboles e intenté dominar su mente -relató la inquietante joven-. De esta forma se puede obtener control sobre su cuerpo y su espíritu... Fue fácil: no opuso resistencia.
-¿Te encuentras bien? -preguntó Gabrielle.
-Perfectamente, aunque algo débil tras la lucha -dijo la chica-. El bosque está lleno de los soldados que asediaron Amphipolis. El viaje podría ser peligroso... ¿Por qué no continuamos juntos? -propuso finalmente.
Xena reflexionó durante unos instantes. Miró a Gabrielle, que parecía insegura y algo asustada. Parecía decirle "no". La chica era, sin duda, rara, su ropas no eran nada comunes y menos aún sus palabras, pero si en verdad tenía los poderes que afirmaba poseer sería útil en la lucha contra los dioses. Además, parecía conocer el bosque.
-De acuerdo -aceptó Xena-. Pero debes saber que los dioses nos perseguirán constantemente e intentarán matarnos.
-No tengo mucho que perder -reconoció la chica, mientras sacaba de entre la maleza una bolsa de piel, donde parecía llevar su poco equipaje-. Por cierto, me llamo Ariadna.
Xena, con Eva, se subió en Argo y comenzó a cabalgar lentamente. Gabrielle, montada en su caballo, Joxer y la inquietante Ariadna la siguieron.
-Ellas son Xena y Gabrielle -presentó Joxer-. Yo soy Joxer, y la hija de Xena es...
-Eva -interrumpió Ariadna-. Todo el mundo lo sabe.
Xena se sintió molesta.
-Ariadna, ¿por qué vistes de esa manera? -preguntó Joxer, que parecía fascinado por su nueva compañera de viaje.
-Soy jónica -respondió fríamente Ariadna.
Gabrielle paró en seco.
-¿Las jónicas no son ese grupo de chicas que se visten de negro, se maquillan de forma tenebrosa y realizan rituales macabros? -exclamó Gabrielle, impresionada.
-Lo que hacemos es divertido -justificó Ariadna.
-Cuéntame más cosas sobre ti -pidió Joxer.

* * *

-No es para tanto -dijo Xena-. Comprendo que te sientas incómoda, a mí también me pasó al principio... Pero piensa en lo que hizo.
-Lo que dice que hizo -puntualizó Gabrielle desde su caballo.
-No hay motivos para desconfiar de ella -aseguró Xena.
-Claro que los hay -dijo Gabrielle-. Ella es... tenebrosa.
-Y yo visto de cuero -dijo Xena-. Cuando estuvimos en la India te interesaste por otras formas de vestir. ¿Por qué no ahora?
-¿Y qué me dices de esos rituales de tan dudosa legalidad? -continuó Gabrielle, nerviosa-. Además, creo que Ariadna está ejerciendo una mala influencia sobre Joxer.
Gabrielle y Xena miraron a sus dos acompañantes. Unos metros por detrás de ellas, llevaban ya unas pocas horas hablando.
-¿No estarás celosa? -preguntó Xena.
-¿Celosa? Sabes que por Joxer sólo siento amistad -aclaró Gabrielle.
-Ya que le has rechazado, me parece bien que busque el amor en otras chicas -continuó Xena.
-Tal vez no todas las otras chicas sean buenas -murmuró Gabrielle.
Mientras simulaba no escuchar el comentario de su amiga, Xena cogió el chakram.
-Xena, ¿pasa algo? -preguntó Gabrielle.
De repente, saltó desde lo alto de uno de los árboles un hombre enfurecido que derribó a Xena en su caída.
-¡Xena! -gritó Gabrielle mientras bajaba de su caballo. Corrió hasta Xena y se arrodilló junto a ella.
-No te preocupes -murmuró Xena, que parecía no haber sufrido daños. Eva, que seguía a su espalda, estaba completamente ilesa.
Gabrielle se levantó mientras empuñaba sus sais, pero se sorprendió al ver que Ariadna se había interpuesto entre el guerrero y ella y le estaba mirando fijamente. El hombre estaba lleno de heridas y parecía débil, por lo que Gabrielle supuso que había formado parte de uno de los ejércitos de Athena en el asedio de Amphipolis. Tras unos segundos, el hombre se desplomó. Xena se levantó y corrió hasta Ariadna, que parecía mareada.
-¿Estás bien? -preguntó Xena.
-Sí, no te preocupes -dijo Ariadna-. Estaré mejor.
-¡Has puesto en peligro tu vida! -exclamó Gabrielle.
-Lo habría hecho por cualquier otro -dijo Ariadna, mientras sonreía.

* * *

Mientras los cinco descansaban en un claro, Gabrielle revisaba las provisiones.
-Xena, dentro de poco se nos acabará la comida que nos dio tu madre -comentó.
Xena reflexionó.
-Con tanto soldado por ahí será difícil encontrar algo que cazar. ¿Nos quedan dinares? -preguntó a Gabrielle.
-Sí, claro -respondió Gabrielle vagamente.
-Ariadna, ¿hay alguna ciudad poco devota cerca de aquí? -preguntó Xena a la jónica.
-Si lo dices por la persecución de los dioses, en esta zona sólo hay templos de Afrodita -respondió Ariadna, sonriendo-. Ningún problema.
Gabrielle la miró desconfiada.
-¿Cómo sabes que Afrodita no nos persigue? -preguntó.
-Yo... Todo el mundo lo sabe... -dijo, indecisa, Ariadna.
-¿Seguro? -continuó Gabrielle, desafiante.
-Dentro de poco anochecerá -cortó Xena-. Id vosotras dos a buscar leñas.
-Yo puedo ir con Ariadna -se ofreció Joxer.
-No, Joxer. Te necesito aquí -dijo Xena.
-¿Me necesitas? -exclamó Joxer-. Claro, comprendo que me necesites.
Gabrielle se acercó disimuladamente a Xena con mirada asesina.
-Ésta me la pagas -le dijo en voz baja.
-Mañana haré el desayuno -dijo Xena, en el mismo tono.
-De acuerdo -dijo Gabrielle, y añadió en voz alta-: Vamos, Ariadna.
La rubia y la jónica desaparecieron entre los árboles.
-Dime, Xena. ¿Qué tengo que hacer? -preguntó Joxer.
-Hablar -respondió Xena, ante un contrariado Joxer-. Sobre Ariadna.
-Es muy simpática -comentó Joxer, sonriendo.
-Parece que sois grandes amigos -continuó Xena.
Joxer asintió.
-Incluso algo más -aventuró Xena.
Joxer intentó decir algo, pero no le salían las palabras.
-No te preocupes -le tranquilizó Xena-. Me parece bien.
-¿Bien? -exclamó Joxer-. Bien, perfecto.
-No -dijo Xena-. Hay algo más... Cuando Gabrielle os ve... Creo que siente celos.
-¿Celos? -preguntó Joxer.
-Celos de amiga -explicó Xena.
-De acuerdo -dijo Joxer-. ¿Quieres que hable con ella?
-¡No! Es mejor que intentes hacerle más caso -aconsejó Xena-. Te lo agradecerá.

* * *

-Ariadna -dijo Gabrielle, mientras recogía leña del suelo-, ¿qué hacéis... exactamente... las jónicas?
Ariadna le miró fijamente a los ojos.
-¿Te refieres a nuestras reuniones? -preguntó la jónica.
-Sí -respondió Gabrielle-. Tengo curiosidad.
Ariadna la miró aún más fijamente.
-Si puede saberse -aclaró Gabrielle.
-Por supuesto -dijo Ariadna, y las dos comenzaron a caminar-. Bueno... ¿Nunca has hecho un tablero con letras y has puesto un vaso de cristal sobre él para comunicarte con los espíritus?
-Sí, cuando era pequeña -Gabrielle se rió-. Pero el vaso era de madera, ¿eso vale?
-Sí, pero es mejor si es de cristal. Yo los importo de Fenicia, allí son de una calidad excelente -dijo Ariadna.
-Solamente conseguí hablar con el espíritu de una asesina que mataba a sus víctimas haciéndoles ingerir aceites aromáticos -recordó Gabrielle-. Yo creo que una chica que envidiaba mi pelo movió el vaso.
-Los que no creen en estas cosas siempre dicen que alguien mueve el vaso -dijo Ariadna desafiante-. Los espíritus pueden manifestarse en nuestro mundo más de lo que crees.
Gabrielle reflexionó.
-No hace falta que me lo digas -dijo, recordando a Marcus.
-Me alegra que te interese el tema -dijo Ariadna-. ¿Qué hiciste con el tablero tras la comunicación?
Gabrielle hizo un esfuerzo por recordarlo.
-Una chica dijo que había que quemarlo, así que lo tiramos a una hoguera-respondió-. Vaya forma de desperdiciar un pergamino.
-Suelen quemarse, pero algunos no-dijo Ariadna-. Yo viajo con uno de madera muy valioso. Perteneció a una hechicera egipcia hace más de cien años.
-¿Es verdad que hacéis rituales con animales muertos? -preguntó Gabrielle.
-Con muertos en general -dijo Ariadna algo indiferente, mientras Gabrielle sentía un escalofrío-. La resurrección es algo posible.
-No hace falta que me lo digas -dijo de nuevo Gabrielle-. Tal vez hayas oído que incluso yo misma he resucitado alguna vez.
-¿Cómo te sentiste siendo un cadáver? -preguntó Ariadna con total naturalidad.
-Ya tenemos suficiente leña, ¿no te parece?

* * *

-¿Tu comida está suficientemente hecha? -preguntó Joxer a Gabrielle, que se encontraba comiendo un poco de carne de conejo.
-Sí, Joxer, ya me lo has preguntado tres veces -respondió Gabrielle, algo molesta.
Xena sonrió. Joxer había tomado muy en serio su consejo.
-¿Quieres que mañana haga el desayuno, Gabrielle? -preguntó de nuevo Joxer.
-No hace falta -dijo Gabrielle mirando a la princesa guerrera-. Lo va a hacer Xena.
Xena, sin decir nada, giró la cabeza y vio que Ariadna permanecía en un rincón, sin comer nada.
-¿No tienes hambre? -le preguntó.
-Ah, eso... -dijo Ariadna-. No quiero rechazar la comida de tu madre, pero soy vegetariana.
-Claro, no come animales no sea que resuciten en el último momento -murmuró Gabrielle sin que nadie la oyera, con su ironía habitual.
-¿Quieres que te ayude a buscar frutos comestibles? -preguntó Xena.
-No hace falta. Comí un poco por el camino, no te preocupes. Esa es mi cena -dijo Ariadna mientras sonreía.
Gabrielle la miró con una cara acusadora.

* * *

-Gabrielle, te estás pasando -dijo Xena.
-Xena, te obstinas en defender a Ariadna -dijo Gabrielle-. Me parece bien, pero no entiendes que niegues que hay algo muy raro en ella.
-¡Criticas hasta su forma de comer! -exclamó Xena.
-Critico su forma de no comer -se defendió Gabrielle-. Ahora se están clasificando nuevas enfermedades sobre trastornos alimenticios...
-Gabrielle, no te preocupes. Es diferente, pero no por eso debemos rechazarla -dijo Xena.
-Supongo que tienes razón -dijo Gabrielle, no muy convencida.
Joxer se acercó a ellas.
-Ariadna me ha propuesto que hagamos una sesión de espiritismo para que podamos conocer lo que hacen las jónicas en sus reuniones. ¿Qué os parece? -preguntó.
-Perfecto -dijo Xena.
-Lo que me faltaba -murmuró Gabrielle, mientras veía a Ariadna sacando algo de su bolsa.

* * *

Los cuatro estaban sentados alrededor del tablero, que era alumbrado por la débil luz de la hoguera. El tablero tenía escritas las letras del alfabeto griego, además de las palabras "sí" y "no", y estaba adornado con dibujos de faraones, sacerdotes, dioses e incluso campesinos egipcios. También tenía una inscripción escrita con jeroglíficos.
-¿Sabes qué significan? -preguntó Gabrielle, mientras acariciaba la inscripción.
-Aquél que entró en el reino de los muertos se encuentra entre los vivos -leyó Ariadna.
Xena, Gabrielle y Joxer sintieron un escalofrío, mientras Ariadna sacaba de su bolsa un hermoso vaso de cristal decorado con piedras preciosas.
-Importado de Fenicia -dijo, mientras lo colocaba en el centro del tablero-. Ya está todo preparado.
-¿Qué se supone que tenemos que hacer? -preguntó Xena.
-Colocad el dedo índice de vuestra mano derecha sobre el vaso -explicó Ariadna-. Las preguntas las haré yo.
Todos siguieron las instrucciones de Ariadna.
-Ahora debemos invocar a un espíritu -explicó la jónica-. ¿Tenéis interés en alguno en especial?
-Xena, ¿por qué no Marcus? -sugirió Gabrielle.
-No. Debe de estar muy bien en los Campos Elíseos. No quiero molestarle -bromeó Xena.
-Entonces utilicemos el procedimiento habitual -dijo Ariadna-. ¿Hay algún espíritu presente?
Los cuatro miraron con ansia el vaso, que permanecía quieto.
-¿Hay algún espíritu presente? -repitió Ariadna.
Gabrielle percibió una fuerza que tiraba del vaso.
-¡Espíritu, responde! -exclamó Ariadna.
De repente, el vaso se movió bruscamente hacia "sí" y volvió al centro.
-¿Qué ha sido eso? -preguntó Gabrielle.
-Parece que vamos a lograr un gran éxito en esta sesión -comentó Ariadna-. ¿Eres un espíritu bueno?
El vaso se movió de nuevo hacia "sí".
-Menos mal -comentó Joxer.
-No es algo tan bueno como crees -advirtió Ariadna-. Los malos son más interesantes -hizo una pausa-. ¿Qué quieres de nosotros?
El vaso comenzó a moverse hacia las letras.
-Joxer, deja de mover el vaso -dijo Gabrielle.
-¡Yo no soy! -protestó Joxer.
-Avisaros -leyó Ariadna.
-¿Avisarnos de qué? -preguntó Xena.
El vaso volvió a moverse parándose en diversas letras. Xena leyó el resultado:
-La muerte acecha.
Gabrielle sintió que se le helaba la sangre. Xena también se sentía incómoda. Las dos miraron a Ariadna.
-Tal vez será mejor que lo dejemos por hoy -propuso Ariadna-. Comprendo que la experiencia sea algo fuerte para vosotros.

* * *

Ya más tranquila, Gabrielle se disponía a acostarse, al igual que sus compañeros de viaje. Como de costumbre, dormiría al lado de Xena, que se encontraba tumbada en el suelo.
-Ha sido interesante -reconoció Gabrielle-, pero no me ha gustado eso de "la muerte acecha". Creo que Joxer ha movido el vaso.
-Y bien, ahora que has conocido una sesión espiritista jónica, ¿qué me dices sobre Ariadna? -preguntó Xena.
-Mi opinión no ha cambiado mucho -aseguró Gabrielle-. Lo del tablero no es malo... pero sigue habiendo algo raro en ella.
Gabrielle se tumbó.
-Por cierto, hiciste una buena actuación esta mañana -dijo.
-¿A qué te refieres? -preguntó Xena, poco interesada.
-Lo sabes perfectamente -dijo Gabrielle perfectamente-. Esta mañana, cuando ese hombre te atacó. Dejaste que te derribara para darle a Ariadna la oportunidad de utilizar sus poderes y así convencerme de que es una buena aliada en la lucha contra los dioses.
-¿Me crees capaz de poner en peligro la vida de mi hija para quitarte sus prejuicios sobre las jónicas? -preguntó Xena, escéptica.
-Sí -respondió, rotundamente, Gabrielle-. Sabías que estaba allí, porque cogiste el chakram antes de que apareciera -hizo una pausa-. ¿Qué hubieras hecho si Ariadna no se hubiera enfrentado a ese guerrero?
-Me hubiese levantado -dijo Xena, indiferente.
-Es increíble: siempre tienes controlada la situación -dijo Gabrielle-. Y te recuerdo que mañana tienes que hacerme el desayuno.

* * *

A la mañana siguiente, Xena se preparaba para ir al pueblo más próximo a comprar comida.
-Gabrielle, date prisa -pidió, al ver que su amiga llevaba desayunando mucho más tiempo que otros días.
-Xena, preparas muy bien los desayunos -dijo Gabrielle-. Deberías cocinar más a menudo.
-Date prisa -repitió Xena-. Cuanto antes salgamos, antes volveremos.
-¿Dónde vamos a ir? -preguntó Gabrielle.
-Vamos a ir a un pueblo que está muy cerca de aquí para comprar algo de comida -dijo Xena-. ¿En qué mundo vives?
-¿Por qué no despiertas a Joxer en lugar de quejarte de que tardo mucho en alimentarme? -dijo, al ver que Joxer seguía durmiendo-.
-Porque él se va a quedar aquí con Ariadna cuidando de Eva -explicó Xena.
-¿Te fías de ellos? -preguntó Gabrielle.
-Son de confianza -dijo Xena.
-Yo no me fiaría de Ariadna -dijo Gabrielle-. Y Joxer...
-Gabrielle, será muy poco -animó Xena-. Iremos en caballo; ellos dos no pueden ir porque no saben montar bien.
-¿Y si les atacan? -preguntó Gabrielle, nerviosa.
-Ariadna utilizará sus poderes. Tenemos suerte de viajar con una jónica -dijo Xena, sonriendo.
Ariadna se acercó a ellas.
-Eva está durmiendo -dijo-. Xena, no te preocupes. Joxer y yo la cuidaremos bien.
Gabrielle forzó una sonrisa.
-Volveremos pronto -dijo finalmente.
Xena y Gabrielle subieron a sus respectivos caballos y emprendieron el camino hacia la aldea. No se habían alejado mucho del claro cuando Gabrielle comenzó a sentirse, de nuevo, insegura.
-Xena, no deberíamos haber dejado allí a Eva. Tengo un mal presentimiento -dijo.
-Gabrielle -dijo Xena-, si te sientes mejor, vuelve con ellos, aunque no te va a servir para nada.
Ambas hicieron parar a sus caballos.
-¿En serio? -preguntó Gabrielle.
Xena asintió.
-Creo que seré capaz de comprar comida sin tu ayuda.
Gabrielle sonrió.
-¡Gracias!
Gabrielle dio media vuelta y se encaminó de nuevo al claro.

* * *

Joxer sintió un aliento gélido en su cuello. Se giró rápidamente y vio que era Ariadna.
-Ariadna -dijo-. Me has asustado. Pensaba que era...
-¿Una de esas inoportunas arqueras de élite? -dijo Ariadna-. No te preocupes. Estamos solos... sin nadie que nos moleste.
Joxer se incorporó y miró a su alrededor.
-¿Dónde están Gabby y Xena? -preguntó.
-Han ido de compras -respondió Ariadna mientras sonreía-. Nos han dejado al cuidado de Eva.
-Espero que vuelvan pronto -dijo Joxer.
-No te preocupes, saben cuidar de sí mismas -dijo Ariadna, mientras acercaba sus labios a los de Joxer.
-¡Hola, chicos! -gritó Gabrielle mientras irrumpía en el claro-. ¿Interrumpo algo?
Ariadna se levantó. Miró fijamente a Gabrielle con una mirada iracunda.
-¿Qué haces aquí? -preguntó.
-Me sentía preocupada por Eva, si tus poderes fallaran... -comenzó Gabrielle.
-¡Estúpida! -gritó Ariadna, fuera de sí, mirando a Gabrielle todavía más fijamente.
Gabrielle sintió que algo la debilitaba por dentro. Cerró los ojos, pero, fuera lo que fuese, seguía dentro de su cabeza. Se sintió mareada. Abrió los ojos, pero tenía la vista nublada. Casi a ciegas, cogió un sai y lo lanzó hacia donde estaba Ariadna. El sai cruzó el aire y se clavó en el pecho de ésta.

* * *

Mientras, Xena había parado junto a un arroyo para que Argo pudiese beber. A escasos metros, casi oculto entre los árboles, había una pequeña edificación. Xena se aproximó. Parecía un templo, pero, según Ariadna, sólo existían templos de Afrodita en esa zona, así que entró sin temor.
Apenas le había dado tiempo a ver lo que había dentro cuando, envuelta en un halo de luz, apareció su vieja conocida Afrodita, la diosa del amor. Como de costumbre, iba vestida con un traje transparente. Sin embargo, al contrario que otras veces, parecía preocupada.
-¡Xena! -exclamó Afrodita-. Qué bien que hayas entrado aquí. Es una suerte que eligieran para construir un templo este lugar junto al arroyo.
-Hola, Afrodita -saludó Xena-. Me encantaría poder quedarme a charlar un rato, pero tengo prisa. Tengo que ir a comprar...
-¿Dónde está Eva? -preguntó Afrodita, muy nerviosa.
-La dejé con Joxer y Ariadna, es una chica muy interesante... -dijo Xena-. Tal vez Gabrielle esté con ellos...
-¡Tienes que volver! -gritó Afrodita-. Esa chica...
-¿Qué pasa con Ariadna? -preguntó Xena, alarmada.
-Tras el fracaso de Athena en Amphipolis, los dioses la han cuestionado como líder -explicó Afrodita-. Esa chica...

* * *

Ariadna miró el sai, que estaba clavado en su pecho. Lo empuñó.
-Gabrielle, no puedes matarme -dijo, mientras sacaba el sai. Joxer se quedó perplejo al ver que la herida no le había hecho sangrar- porque ya estoy muerta.

* * *

-Hades la ha enviado para traerle a Eva... Nos ha vigilado a todos los dioses para que no te lo reveláramos, pero... ¿quién, aparte de mí, manda en mi templo? -continuó Afrodita-. Intenté advertirte anoche, cuando hicisteis la sesión espiritista...
-¿Fuiste tú quien movió el vaso? -preguntó Xena.
Afrodita asintió.
-Tengo que irme -dijo Xena, y salió rápidamente del templo.
Xena silbó y Argo galopó hacia ella. Montó sobre ella y las dos se dirigieron galopando hacia el claro.

* * *

Gabrielle cayó al suelo, inconsciente. Joxer cogió su espada e intentó golpear a Ariadna aprovechando su debilidad tras la lucha, pero ésta le miró y le debilitó. Después, caminó lentamente hasta Eva y la cogió en brazos. Inmediatamente se abrió una grieta en el suelo.
-Adiós, Joxer -dijo Ariadna, mientras se adentraba en la grieta, bajando unos escalones-. Algún día nos volveremos a ver... en el otro lado.
-¿Qué ganas con esto? -preguntó Joxer, intentando levantarse.
-¿Sabes? -comenzó Ariadna-. Las jónicas no siempre somos tan buenas como os he hecho creer. Yo maté a varios hombres... Usaba sus cadáveres en mis rituales. Un día, cuando estaba a punto de cometer un asesinato más, el hombre al que quería matar sacó un cuchillo de entre sus ropas y me lo clavó... Fui condenada al Tártaro... Es un lugar horrible. Ahora Hades me perdonará todos mis crímenes y pasaré la eternidad en los Campos Elíseos.
Ariadna comenzó a bajar, pero se paró al oír el grito de Xena, que se acercaba galopando. Ésta saltó y cayó junto a la jónica, que no sabía cómo reaccionar.
-Dile adiós a tu hija -dijo finalmente.
-Eso ya lo veremos -dijo Xena desafiante, mientras desenvainaba su espada.
-¡Xena, no uses las armas! -gritó Joxer.
Xena guardó su espada y saltó, golpeando con sus botas a Ariadna. Ésta, muy débil tras dos luchas mentales, cayó al suelo.
-No pienso volver al Tártaro sin tu hija -aseguró.
Xena se inclinó sobre Ariadna y la golpeó con su poderoso puño. Ariadna, casi inconsciente, intentó acercarse hasta la grieta, pero Xena volvió a golpearla y cogió a Eva. Por la grieta comenzaban a aparecer llamas, por lo que Xena se alejó con uno de sus saltos y corrió hacia Gabrielle. Mientras tanto, el fuego rodeó a Ariadna y la arrojó por la grieta, por la cual cayó dando un grito estremecedor. Después, el fuego volvió hacia el mundo subterráneo, cerrándose la grieta a su paso.
Gabrielle, aturdida, abrió los ojos y vio a Xena, inclinada sobre ella.
-Faltó poco -dijo Gabrielle.
Joxer logró levantarse y, a duras penas, caminó hacia ellas.
-Vayamos al templo de Afrodita. Allí os recuperaréis -dijo Xena.

* * *

Tras despedirse de Afrodita, que había cuidado de Gabrielle y Joxer mientras Xena, sin separarse de Eva, buscaba hierbas medicinales, los cuatro iniciaban de nuevo su marcha. Estaba atardeciendo, y no habían podido comprar comida.
-Creo que tendremos que buscar algo de caza -dijo Gabrielle.
-Eso es lo de menos -dijo Xena, sonriendo-. Hoy os podría haber perdido a los tres.
-Deberías haberme hecho caso -dijo Gabrielle-. Confiar en Ariadna fue un gran error.
-De acuerdo -dijo Xena-. No volveré a confiar en jónicas.
-Ni en gente que no pruebe la comida de tu madre -añadió Gabrielle.

 

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